Cuando mi hijo tenía casi tres años, necesité una cirugía que requeriría al menos un mes de recuperación. Me imaginaba en la cama mientras una pila de platos sucios se amontonaba en el fregadero. No sabía cómo iba a cuidar a un activo niñito ni me veía preparando la comida. Temía el impacto de mi debilidad en el ritmo de nuestra vida.
Fortaleza en la debilidad
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