Mientras esperaba para ingresar a la universidad, Shin Yi, de 21 años, decidió dedicar tres meses de sus vacaciones para servir en una organización misionera para jóvenes. Parecía una época extraña para hacerlo, ya que las restricciones de COVID-19 impedían las reuniones presenciales. Pero Shin Yi encontró pronto la manera: «No podíamos reunirnos en las calles ni en los centros de compras o de comidas rápidas como de costumbre —compartió—, pero seguimos haciéndolo vía Zoom, para orar unos por otros, y por teléfono con los que no eran cristianos».