En un viaje a París, Bernardo visitó uno de los renombrados museos de la ciudad, y aunque no era estudiante de arte, quedó deslumbrado ante la pintura de Eugene Burnand, Los discípulos Pedro y Juan corriendo al sepulcro la mañana de la resurrección. Sin palabras, los rostros de Pedro y Juan y la posición de sus manos dicen mucho, invitando a los espectadores a ponerse en el lugar de ellos y compartir sus emociones cargadas de adrenalina.
Correr hacia Jesús
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