Un anillo de hierro colgaba del marco de la puerta de la casa rural de mi tío abuelo. A más de treinta metros de distancia, había otro anillo, firmemente fijado al granero. Cuando había una tormenta de nieve, mi tío conectaba una soga entre los anillos para encontrar el camino entre la casa y el granero, y no perder el rumbo en medio de la nieve cegadora.