Cuando vi una ramita brotando junto a la manguera de nuestro jardín, ignoré el aparentemente inofensivo engendro. ¿Cómo podría dañar nuestro césped una pequeña maleza? Pero a las semanas, había crecido hasta ser un pequeño arbusto que empezaba a apoderarse del terreno, de parte de la acera y otras zonas. Reconociendo su existencia destructiva, le pedí a mi esposo que me ayudara a arrancar de raíz esa hierba mala y poner herbicida.