Al visitar un pequeño pueblo de África, mi pastor estadounidense se aseguró de llegar a tiempo a la reunión del domingo a las 10 de la mañana. Sin embargo, encontró que la humilde iglesia estaba vacía. Entonces, esperó… una hora… dos horas. Finalmente, como a las 12:30, cuando el pastor local llegó, seguido de algunos miembros del coro y un grupo de amigos del lugar, la reunión comenzó en «el cumplimiento del tiempo», como dijo después mi pastor. «El Espíritu nos dio la bienvenida, y Dios no llegó tarde». Aquella cultura tenía sus razones para ser diferente.