El matemático Abraham Wald colaboró con sus habilidades a los esfuerzos de la Segunda Guerra Mundial. El ejército buscaba maneras de proteger sus aeronaves del fuego enemigo, así que les pidieron a Wald y sus colegas que resolvieran cómo hacerlo. Empezaron examinando los aviones que volvían, para ver en dónde estaba el mayor daño. Pero Wald entendió que el daño sobre esos aviones representaba solo el lugar donde podían recibir un impacto y aun así sobrevivir. Las áreas que más necesitaban protección adicional se encontrarían en los aviones que se habían estrellado, y esos no se podían examinar.