Una joven mamá iba detrás de su hija, la cual pedaleaba lo más rápido que podía en su pequeña bicicleta. Pero, al tomar más velocidad de la deseada, la pequeña se cayó, y llorando, decía que le dolía el tobillo. Su mamá se arrodilló, se inclinó y le besó el tobillo «para que se fuera el dolor». ¡Y funcionó! La niña se levantó de un salto, subió de nuevo a la bicicleta y siguió pedaleando. ¡¿No te gustaría que todos nuestros dolores se fueran así de fácil?!