Los gritos de alegría que subían del sótano eran de mi esposa Shirley. Había luchado con un proyecto de un boletín informativo durante horas y quería terminarlo. Ansiosa e indecisa sobre cómo avanzar, oró a Dios por ayuda. También contactó a amigos en Facebook; y poco después, el trabajo estuvo listo… un esfuerzo de equipo.