En 1972, un estudio conocido como «prueba del malvavisco» se realizó para medir la capacidad de los niños de posponer la gratificación de sus deseos. Se les ofrecía un malvavisco, pero se les decía que si podían controlarse de comerlo durante diez minutos, recibirían otro. Alrededor de un tercio de los niños pudo abstenerse a fin de recibir un premio mayor (¡otro tercio se lo tragó en 30 segundos!).