Cuando las mujeres de nuestro nuevo grupo de estudio bíblico enfrentaron una serie de tragedias, de pronto nos encontramos compartiendo experiencias personales profundas. La pérdida de un padre, el dolor de un aniversario de bodas después del divorcio, el nacimiento de un hijo sordo, llevar corriendo a un hijo a una sala de guardia… todas experiencias demasiado pesadas para enfrentar solas. La vulnerabilidad de cada una llevó a más transparencia. Lloramos y oramos juntas, y lo que comenzó como un grupo de desconocidas se convirtió en un conjunto de amigas cercanas.