«Creo que ya no puedo seguir en esto», dijo entre lágrimas mi amiga ante la abrumadora sensación de desesperanza que enfrentaba como enfermera en una crisis sanitaria global. Confesó: «Sé que Dios me ha llamado a ser enfermera, pero estoy emocionalmente exhausta». Al ver su agotamiento, respondí: «Sé que estás desesperada, pero pídele a Dios que te dé fortaleza para perseverar». Entonces, decidió orar a Dios sobre este tema específicamente; y poco después, un renovado sentido de propósito la fortaleció. No solo siguió como enfermera, sino que Dios también le dio fuerzas para ayudar a más personas en otros hospitales del país.