Todo parecía drásticamente distinto en su nuevo país, y se preguntaban cómo se adaptarían alguna vez. Personas de una iglesia cercana se les acercaron a ayudarlos. Patri llevó a la pareja a un mercado local para mostrarles qué había disponible y cómo comprar. Mientras caminaban, sus ojos se abrieron grandes y sonrieron al ver su fruta favorita de su tierra natal: la granada. Compraron una para cada hijo y le regalaron una a Patri, agradecidos. Esa fruta y los nuevos amigos brindaron un gran consuelo en medio de una tierra extraña.