Desde los ocho años, Lisa luchaba con su tartamudez, y le daban miedo las situaciones sociales que requerían que hablara con otros. Pero más adelante en la vida, después de trabajar con un fonoaudiólogo y superar su impedimento, decidió usar su voz para ayudar a los demás. Empezó a ofrecerse como consejera para una línea de ayuda para personas con angustia emocional.