El apretón de manos valió más que mil palabras. Una noche de marzo de 1963, dos basquetbolistas universitarios —uno negro y otro blanco— desafiaron el odio segregacionista y se estrecharon las manos, señalando la primera vez en la historia del estado de Mississippi en que su equipo de jugadores todos blancos enfrentaba a un equipo integrado racialmente. Para competir en el «juego del cambio» contra la Universidad Loyola de Chicago en un torneo nacional, el equipo de Mississippi evadió una orden que les impedía dejar su estado. Mientras tanto, los jugadores negros de Loyola habían soportado insultos racistas durante toda la temporada.