En el norte de España, nació una manera hermosa de expresar la comunión y la amistad. En la época de la cosecha, algunos granjeros se sentaban en salones construidos sobre una cueva —de las tantas cavadas a mano en el campo— y hacían un inventario de sus diversos alimentos. Con el tiempo, ese lugar se conoció como «el contador»: un lugar de comunión donde los amigos y las familias se reunían para compartir historias, secretos y sueños. Si necesitabas la compañía de amigos fiables, ibas al contador.