El futbolista Christian Pulisic sufrió varias lesiones que afectaron su profesión. Cuando supo que no sería titular en las semifinales de la Champions League, se decepcionó, pero describió cómo se le reveló Dios: «Como siempre, acudo a Dios, y Él me fortalece. Siento que siempre tengo a Alguien conmigo. No sé cómo enfrentaría las cosas sin ese sentimiento». Al final, cuando entró en lugar de otro jugador, inició una inteligente jugada que terminó en el gol para ganar el partido y le aseguró al equipo la participación en la final del campeonato. Esas experiencias le enseñaron una lección valiosa: siempre podemos ver nuestras debilidades como oportunidades de que Dios revele su poder ilimitado.