Había sido una semana terrible para Carlos y Carolina. A él lo habían hospitalizado porque sus ataques de epilepsia habían empeorado. En medio de la pandemia, sus hijos —cuatro hermanos adoptados— se habían vuelto más claustrofóbicos. Y como si fuera poco, Carolina no podía encontrar una comida decente en el refrigerador. Extrañamente, en ese momento, ansiaba comer zanahorias.