En una columna de consejos de un psiquiatra, este le respondía a una lectora, la cual lamentaba que sus ambiciosos esfuerzos la habían dejado insatisfecha. Con palabras terminantes, él dijo que los humanos no están diseñados para ser felices, sino «solo para sobrevivir y reproducirse». Estamos condenados a perseguir «la seductora y escurridiza mariposa» del contentamiento, a la que «no siempre cazamos».