Mientras conducíamos hacia un lugar desconocido, mi esposo notó que el GPS parecía de repente equivocado. Después de entrar en una gran autopista, se nos indicó salir y seguir por una «ruta lateral». Aunque no veía que los autos frenaran, Dan dijo: «Bueno, voy a confiar». Y unos 15 kilómetros después, el tránsito de la autopista estaba casi detenido. ¿El problema? Obras en construcción. ¿Y el camino lateral? Con poco tráfico, nos abrió paso hacia nuestro destino. «No podía ver adelante —agregó—, pero el GPS sí». Y coincidimos: «Igual que Dios».