Dos pavos silvestres estaban en el sendero. ¿Cuánto podré acercarme?, me pregunté. Caminé más lento hasta que me detuve. Funcionó. Los pavos caminaron hacia mí… y siguieron acercándose. En segundos, sus cabezas se balanceaban a mi lado, y luego, detrás de mí. ¿Tendrían el pico muy filoso? Hui corriendo. Finalmente, dejaron de perseguirme.