La joven no podía dormir. Por padecer una discapacidad física, al día siguiente estaría en el centro de una venta benéfica en la iglesia para recibir donaciones para sus estudios universitarios. Pero no soy digna, razonaba Charlotte Elliott. Mientras daba vueltas en su cama, cuestionaba cada aspecto de su vida espiritual. Por la mañana, aún inquieta, tomó un papel y una pluma para escribir las palabras del ahora clásico himno «Tal como soy».