Entré con mis gafas nuevas a la iglesia y me senté. Luego, vi a una amiga que estaba sentada del otro lado del pasillo en el otro extremo del salón. Cuando la saludé con la mano, me parecía verla tan cerca y nítida. Sentí como que podía extender la mano y tocarla, aunque estaba a varios metros. Al salir, después de la reunión, me di cuenta de que estaba en el mismo asiento de siempre, y que yo simplemente podía verla mejor porque tenía más aumento en mis nuevas lentes.