En una publicación reciente, la bloguera Bonnie Gray relató el momento en que una tristeza abrumadora comenzó a inundar su corazón: «De repente, durante el capítulo más feliz de mi vida, […] empecé a tener ataques de pánico y depresión». Trató de encontrar diferentes maneras de resolverlo, pero pronto se dio cuenta de que no era suficientemente fuerte para manejarlo sola: «No quería que nadie cuestionara mi fe, así que no dije nada y oraba para que mi depresión se fuera. Pero Dios quiere sanarnos, no avergonzarnos ni hacer que escondamos nuestro dolor». Gray encontró la curación en el solaz de la presencia de Dios; Él fue su ancla en medio de las olas que amenazaban hundirla.