Una tarde, mientras fui a correr cerca de una obra en construcción en nuestro vecindario, un gatito flacucho y sucio me maulló de forma lastimera y me siguió a casa. Hoy, Mickey es un hermoso y saludable gato adulto, y disfruta de una vida confortable en nuestra casa y del profundo amor de mi familia. Siempre que corro por la calle donde lo encontré, pienso: Gracias, Dios. Mickey se salvó de vivir en la calle. Ahora tiene un hogar.