Cuando a mi amiga Janice le pidieron que dirigiera su departamento en el trabajo después de pocos años, se sintió abrumada. Luego de orar, sintió que Dios la estaba guiando a que aceptara; pero aun así, temía no poder enfrentar la responsabilidad. «¿Cómo puedo liderar con tan poca experiencia? —le preguntó a Dios—. ¿Por qué ponerme aquí si voy a fracasar?».