Cuando a mi hija le regalaron un par de cangrejos domesticados, puso arena en una pecera para que pudieran trepar y cavar. También les proveyó agua, proteínas y vegetales para que se deleitaran comiendo. Parecían contentos, pero nos sorprendió cuando, un día, desaparecieron. Buscamos por todas partes. Por fin, nos enteramos de que probablemente estaban bajo la arena y que permanecerían allí durante dos meses mientras cambiaban el caparazón.