Andrés estuvo preso dos años por servir a Jesús. Había leído historias de misioneros que se sintieron siempre gozosos durante su encarcelamiento, pero él confesó que no era su caso. Le dijo a su esposa que Dios había escogido al hombre equivocado para sufrir por Él. Ella respondió: «No, creo que eligió al correcto; no fue casual».