Mi madre huele los problemas a un kilómetro de distancia. Una vez, después de un día difícil en la escuela, intenté esconder mi frustración, con la esperanza de que nadie se diera cuenta. «¿Qué sucede?», me preguntó. Después, añadió: «Antes de que digas nada, recuerda que soy tu madre. Te di a luz y te conozco mejor que nadie». Mi mamá siempre me recuerda que su profundo conocimiento de mi persona le permite ayudarme cuando más la necesito.