«Oí las campanas en Navidad», basado en un poema de Henry W. Longfellow, es un villancico inusual. En lugar del gozo de la esperada Navidad, la letra es un lamento que clama: «Y desesperado incliné mi cabeza / No hay paz en la tierra, dije. / Porque el odio es fuerte y se burla de la canción / de en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres». Sin embargo, este lamento se convierte en esperanza, asegurándonos que «Dios no está muerto ni dormido. / El mal fracasará, el bien prevalecerá / con paz en la tierra, buena voluntad para con los hombres» (trad. lit.).