El erudito Kenneth E. Bailey contó sobre el líder de una nación africana que había aprendido a establecer y mantener una postura inusual en la comunidad internacional: una buena relación, tanto con Israel como con las naciones circundantes. Cuando alguien le preguntó cómo su nación sostenía ese frágil equilibrio, respondió: «Elegimos a nuestros amigos. No alentamos a nuestros amigos a elegir [por nosotros] a nuestros enemigos».