Sergio era divertido, inteligente y querido. Pero, secretamente, luchaba con la depresión. Cuando él se suicidó a los 15 años, su mamá, Laura, dijo: «Es difícil entender cómo alguien con tantas cualidades llegaría a ese punto». A veces, Laura derrama su angustia ante Dios. Dice que la profunda tristeza tras un suicidio es «un nivel de angustia totalmente diferente». Sin embargo, con su familia, han aprendido a apoyarse en Dios y en los demás para estar fuertes, y ahora dedican su tiempo a amar a otros que luchan con la depresión.