En una venta de artículos usados, encontré un pesebre de Navidad en una destartalada caja de cartón. Cuando tomé al niño Jesús, noté los detalles minuciosamente tallados en el cuerpo del bebé. Este recién nacido no estaba envuelto en una manta con los ojos cerrados, sino despierto y un poco destapado, con los brazos extendidos y las manos abiertas. «¡Aquí estoy!», parecía decir.