José, un joven creyente en Jesús, visitó la iglesia de su hermano. Cuando entró, al hermano se le cayó la cara de vergüenza al verlo. Como vestía mangas cortas, los tatuajes de José se veían en ambos brazos. Su hermano le dijo que se fuera y se pusiera una camisa de mangas largas, ya que muchos de esos tatuajes reflejaban su pasado. De repente, José se sintió sucio. Pero otro hombre escuchó la conversación y llevó a José a ver al pastor, contándole lo sucedido. El pastor sonrió y desabrochó su camisa, y mostró un tatuaje grande en su pecho: algo de su pasado. Le aseguró a José que, como Dios lo había purificado interiormente, no necesitaba cubrirse los brazos.