Cuando el pastor Warren se enteró de que un hombre de su iglesia había abandonado a su familia, le pidió a Dios que lo ayudara a encontrarse con él para poder conversar. ¡Y así fue! Cuando Warren entró a un restaurante, divisó al hombre en una mesa cercana. «¿Hay lugar para otro hombre hambriento?», preguntó; y al rato, estaban en medio de una conversación profunda y oraron juntos.