Cuando Andrés y su familia hicieron un safari en Kenia, tuvieron el placer de ver diversos animales que frecuentaban un pequeño lago en un terreno irregular. Jirafas, ñus, hipopótamos y aves acuáticas viajaban a esta fuente de agua vivificante. Mientras observaba, Andrés pensó que «la Biblia es como un bebedero divino»; no solo una fuente de sabiduría y guía, sino un oasis refrescante donde personas de todas las esferas de la vida pueden apagar su sed.