A finales del siglo xix, comenzando en Canadá y extendiéndose por toda América del Norte, ministerios similares empezaron a desarrollarse. Para 1922, ya funcionaban unos 5.000 programas de Escuela Bíblica de Verano. La pasión que movió a aquellos pioneros de esta actividad fue el deseo de que los jóvenes conocieran la Biblia.